Mis sollozos anteriores:

martes, 6 de enero de 2015

AGONÍA ESCARLATA. ~#Relato 5~

«[...]este no es un camino misterioso,
este es solo otro Domingo.
¡Muero en soledad sobre la VÍA DOLOROSA!
¡Cargo mi lastre en soledad sobre la VÍA DOLOROSA




HELENA.


Helena fue la última en atravesar la puerta por la que había traspasado su familia segundos antes.
Se despidió de Timo, su hermanito menor, con un beso en la mejilla:
—Disfruta de tu noche, campeón. No dejes que nada ni nadie te lo arruine, ¿está bien? El que cumple años eres tú, no ellos —indicó lanzando una mirada despectiva pero jocosa a sus padres, que entraban en el coche.
—Sí, Heli —respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
—Prométemelo —exigió cariñosamente ella.
Él asió con su mano derecha el huesudo meñique de su hermana mayor, y luego lo entrelazó con el suyo.
—Prometido.
—Así me gusta —respondió con una semi-sonrisa bien ensayada, mientras con la otra mano le alborotaba su larga mata castaña que le acariciaba los hombros.
...
Ya con su familia en aquel coche azul, cerraba las rejas del portal cuando su padre preguntó:
—¿Segura que no quieres ir, Helena?
—Sí..., —contestó; y entretanto los saludaba a los tres tras las ventanas transparentes y estos le devolvían el saludo agregó para ella:— ...segurísima.
...
Volvía a la puerta de entrada.
No era terror lo que recorría por su cuerpo al verse expectante de tal inmensidad. Sus vellos se levantaron y los pezones se le erizaron mientras se mordía el hemisferio derecho del labio inferior; esto tenía un nombre diferente, y era horror.
Se consolaba a sí misma frotándose el lado externo del brazo izquierdo con su blanca palma derecha. Su rostro, contrarrestando los argumentos de nerviosismo que su cuerpo exponía al mundo exterior, lucía un extravagante (aunque ya natural) velo de apatía; una apatía que se asemejaba a la mera resignación; era un delgado grano de azúcar disuelto en el calor de una pava de agua caliente con tan solo sentir el vapor. La frustración ya había comenzado su proceso de posesión.
Sucedía otra vez: ella, una pequeña, endeble y escuálida mancha pálida, debía batirse en duelo por enésima vez con ese sinnúmero de habitaciones...

¿...o ya no más?
¡No!

No le podía hacer aquello a Timo. Además, había avanzado bastante, ya habían pasado un par de semanas desde la última vez que la helada punta de su instrumento favorito se había teñido de escarlata, la necesidad diaria se había ido. 

Intentó no perder la calma, se lo había prometido, no echaría a perder tan fácilmente aquel progreso. Pensó que un baño caliente en la tina escuchando música la tranquilizaría.


...

Ya en el cuarto de baño, cuelga la toalla sobre el gancho tras la puerta y cierra la canilla de agua caliente mientras comienza a sonar The Creatures en su home theater. Se toma su pastilla (recetada) de Rivotril y deja el envase al lado de la tina. 
La bata cae a sus pies. Como cualquier otro chico que hubiera sido privilegiado con aquella vista tan deleitable haría. ¡Helena era preciosa! A pesar de sus dieciséis años de edad tenía el cuerpo de una mujer hecha y derecha, sus facciones habían sido talladas a mano por el más meticuloso bocetista de esta época, o por una divinidad... lamentablemente en ese cuarto de baño las divinidades no tenían lugar, a pesar de que el reino de Hades esperaba espumoso y expectante reclamar otra ánima en ese lago de las almas en forma de tina de baño... Un solo defecto (veintiséis, en realidad), ponía en peligro aquella prestigiosa imagen: Cortes. Cortes de todo tipo, en un sinfín de rincones inhóspitos, cortes en sus antebrazos; cortes en sus piernas; cortes en sus caderas, en sus pechos; y aunque menos prominentes, en sus muslos. Cada uno de ellos podía hablar, cada uno de ellos tenían su respectiva historia. Ella podía leerlos a todos, observa su muslo izquierdo y siente aquella cicatriz sin tener que tocarla. «¡NO ME DEJES!» gritaba aquella; fue la primera, y quizá la más dolorosa. «ESTOY HACIENDO DAÑO» vociferaba en forma horizontal la más larga sobre la muñeca derecha. Esa había sido la última, se lo había prometido. Por ella, por Timo, porque se merecían un respiro.
Miró de reojo al botiquín del baño donde escondía a su fiel amigo metálico (que jamás se atrevía a tirar ya que lo sentía parte de ella) y se dirigió a la bañera.
Helena mete un pie en la tina -el agua está hirviendo; le encanta- y un escalofrío de placer recorre todo su cuerpo, poniéndole la piel de gallina y volviendo a erizar sus pezones. Mete el segundo pie, luego se sienta y comienza a jugar con la espuma. Los baños calientes la relajaban, de pronto podía sentir cómo el cansancio se hacía cargo de su cuerpo y entonces agarra la almohadilla al lado de la bañera, lo coloca en el respaldo de esta y apoya su cabeza sobre ella; había sido un día agotador.
Conforme pasan los segundos va perdiendo cada vez más la conciencia, se sentía exhausta. «Dios, me siento agotadísima» se dice. Agarra el control de su equipo de música y de pronto comienza a sonar Don't go to Sleep Without me. Helena odiaba esta canción, le traía terribles recuerdos, pero tenía que aprender a ser fuerte, así que se volvió a acomodar en su almohadilla y las luces se apagaron.

...


Helena abre los ojos. Se siente débil. A la izquierda, casi huyendo de la tina, su brazo extendido con el frasco vacío de Rivotril; a la derecha la cuchilla clavada en su arteria femoral presumiendo un tajo gigantesco. Su bañera es un lago de sangre que rebalsa hasta formar pequeños charcos en algunos de los muchos pozos de la habitación y pequeños canales de sangre en las diferentes hendiduras. El líquido comienza a deslizarse bajo la puerta del baño, pero Helena no lo nota, no consigue las fuerzas necesarias para terminar de girar su cabeza, y en el impotente intento su almohadilla desciende al inframundo.

«DON'T YOU GO... WITHOUT ME... »

«Qué puto sueño» piensa por última vez.

«...DON'T YOU GO... AND LEAVE ME HERE.» 





1 comentario:

  1. Su muerte era predecible, pero eso no resta la impresión agradable que me dejó el relato. En fin, al menos esta será la última de las últimas veces para Helena.

    Saludos, nos leemos :) .

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